martes, 24 de marzo de 2009

Thaj Mahal

lunes, 23 de marzo de 2009

Zigurat de Ur (Iraq)

Alminar de la Mezquita de Samarra (Iraq)

miércoles, 25 de febrero de 2009

Los efectos del buen Gobierno en la ciudad

Pan y Hermafrodita



Artemis, según cuenta la leyenda tuvo un séquito de sesenta hijas de Océano y todas las jóvenes que deseaban acompañarla debían hacer voto de castidad. Sus sacerdotisas eran todas vírgenes y cuando se casaban debían abandonar la Orden sagrada. La leyenda de Calipso, cuenta que fue seducida por Júpiter y al ser descubierto su desliz, por el abultado vientre Artemis la expulsó de su séquito.

Cuenta Ovidio la historia del fruto del amor entre Hermes y Afrodita. Hermafrodita es un joven adolescente, que llega a un lago, cuyas aguas son límpidas hasta el fondo. Allí lo ve Salmacis, una náyade voluptuosa, quien se queda extasiada al observar su belleza. La joven exclamó ardiente: “Yo te amo, te deseo y quiero compartir contigo mi lecho”.

El joven Hermafrodita, que ignoraba el amor se lanzó despavorido a la fuga. Ella, entonces se alejó para no intimidarlo. Él se desnudo, creyendo que nadie lo observaba y jugó con las olas. La ninfa, sin embargo, observándolo, presa del deseo lo abrazó por la fuerza y estrechando su cuerpo sobre el cuerpo desnudo del muchacho, invocó: “Que no pueda este joven separarse de mí, ni yo de él”.

Los dioses la escucharon y juntaron sus cuerpos; ambos crecieron bajo el aguijón del tiempo, como si fueran la rama de un mismo árbol, pero participando de su doble naturaleza. Y así nació Hermafrodita, un ser con sexo masculino y femenino a la vez.

El cuadro muestra el momento en que Pan huye despavorido cuando, tras intentar flirtear con Hermafrodita levanta la sábana para descubir que se trataba de una increíble mujer-hombre.